Anestesia
Los nervios, el sudor frió en la nuca, la presión en el pecho.
Fué entonces que se acercó el camillero verificando la ficha que estaba colgada a los pies de la cama.
-Alguna alergia?. Preguntó sin levantar la vista de una carpeta llena de papeles a punto de caerse.
-Ninguna, que yo sepa. Trague saliva esperando que realmente fuera así como pensaba.
Me levante tambaleando intentando cubrirme con aquella fina tela que llevaba por ropa y me recosté sobre la camilla que me había señalado.
Este camisón es horrible, incomodo y se abre demasiado.
-Necesito que sostengas el suero sobre tu pecho. Me dijo con firmeza, al parecer el tipo se percató de lo nerviosa que estaba y, para relajarme un poco, no tuvo mejor idea que encerrarse en sus propios pensamientos e ignorar mi existencia.
Asentí con la cabeza. Estaba incomoda, sentí que iba a caerme en cualquier momento.
Mire el techo de la habitación pensando que dentro de unas horas ya podría estar en casa leyendo algo, pero no pude.
Empece a respirar mas fuerte.
Entonces entró un enfermero a la habitación y me llevó hacia un ascensor algo viejo, tétrico y ruidoso.
Incluso para subir una planta no se veía del todo confiable, pero además de estar quieta, qué más podía hacer.
Me temblaba la mano derecha, la izquierda reposaba a un lado de mi cuerpo, sentía que moverla apenas un centímetro solo conseguiría arrancarme el suero que tanto costo quedar bien.
Trague saliva con mucha dificultad, en aquel momento se cumplirían más de doce horas sin haber tomado agua, ni siquiera una gota.
Si nunca pude tener el gusto de subir a una montaña rusa a punto de destartalarce, ese día tuve la oportunidad de vivirlo, esa camilla se movía demasiado.
Sentí presión en el pecho
Me costaba respirar.
En ese momento para perturbar mi "tranquilidad" un enfermero me miro sonriendo y me dijo:
-tranquila.. ya estas adentro.
vacío indescriptible en el estomago, una sensación entre satisfecha y hambrienta.
Me levante con dificultad, temblaba como si mi cuerpo fuera de gelatina, me acosté en el quirófano y solo podía observar como varios enfermeros y médicos se preparaban para la operación.
Detrás de mi cabeza había una enfermera sonriendo muy tierna, a mi lado una de mas edad, me hablaron varios al mismo tiempo, preguntaban cosas insignificantes para tranquilizarme aunque sea un segundo.
Entonces apareció un señor de porte robusto, con el ceño fruncido y una jeringa en la mano derecha.
- oxigeno. Eso fue lo único que dijo.
La linda enfermera que adulo mis tatuajes poso la mascara a un lado de mi cara mientras yo miraba con desconcierto al cirujano de ojos perturbadamente celestes ,que jugaba con una maquina extraña llena de tubos y cables, entonces empece a sentir como se me hundía el pecho, como si una persona se hubiese sentado sobre mi hasta aplastarme. Empece a ver cada vez menos, el angulo de mis ojos se perdía en la oscuridad mientras cada vez podía resistirme menos al sentimiento de querer estar despierta.
-Tengo miedo, no puedo respirar.
-Tranquilízate nena. Me dijo.
Entonces lo último que pude pensar fué qué, sí esa era mi ultima véz despierta, por qué debía terminar así.
Pero no, no hubo vació y oscuridad, fue solo un sueño extraño que no recuerdo muy bien.
Fué entonces que se acercó el camillero verificando la ficha que estaba colgada a los pies de la cama.
-Alguna alergia?. Preguntó sin levantar la vista de una carpeta llena de papeles a punto de caerse.
-Ninguna, que yo sepa. Trague saliva esperando que realmente fuera así como pensaba.
Me levante tambaleando intentando cubrirme con aquella fina tela que llevaba por ropa y me recosté sobre la camilla que me había señalado.
Este camisón es horrible, incomodo y se abre demasiado.
-Necesito que sostengas el suero sobre tu pecho. Me dijo con firmeza, al parecer el tipo se percató de lo nerviosa que estaba y, para relajarme un poco, no tuvo mejor idea que encerrarse en sus propios pensamientos e ignorar mi existencia.
Asentí con la cabeza. Estaba incomoda, sentí que iba a caerme en cualquier momento.
Mire el techo de la habitación pensando que dentro de unas horas ya podría estar en casa leyendo algo, pero no pude.
Empece a respirar mas fuerte.
Entonces entró un enfermero a la habitación y me llevó hacia un ascensor algo viejo, tétrico y ruidoso.
Incluso para subir una planta no se veía del todo confiable, pero además de estar quieta, qué más podía hacer.
Me temblaba la mano derecha, la izquierda reposaba a un lado de mi cuerpo, sentía que moverla apenas un centímetro solo conseguiría arrancarme el suero que tanto costo quedar bien.
Trague saliva con mucha dificultad, en aquel momento se cumplirían más de doce horas sin haber tomado agua, ni siquiera una gota.
Si nunca pude tener el gusto de subir a una montaña rusa a punto de destartalarce, ese día tuve la oportunidad de vivirlo, esa camilla se movía demasiado.
Sentí presión en el pecho
Me costaba respirar.
En ese momento para perturbar mi "tranquilidad" un enfermero me miro sonriendo y me dijo:
-tranquila.. ya estas adentro.
vacío indescriptible en el estomago, una sensación entre satisfecha y hambrienta.
Me levante con dificultad, temblaba como si mi cuerpo fuera de gelatina, me acosté en el quirófano y solo podía observar como varios enfermeros y médicos se preparaban para la operación.
Detrás de mi cabeza había una enfermera sonriendo muy tierna, a mi lado una de mas edad, me hablaron varios al mismo tiempo, preguntaban cosas insignificantes para tranquilizarme aunque sea un segundo.
Entonces apareció un señor de porte robusto, con el ceño fruncido y una jeringa en la mano derecha.
- oxigeno. Eso fue lo único que dijo.
La linda enfermera que adulo mis tatuajes poso la mascara a un lado de mi cara mientras yo miraba con desconcierto al cirujano de ojos perturbadamente celestes ,que jugaba con una maquina extraña llena de tubos y cables, entonces empece a sentir como se me hundía el pecho, como si una persona se hubiese sentado sobre mi hasta aplastarme. Empece a ver cada vez menos, el angulo de mis ojos se perdía en la oscuridad mientras cada vez podía resistirme menos al sentimiento de querer estar despierta.
-Tengo miedo, no puedo respirar.
-Tranquilízate nena. Me dijo.
Entonces lo último que pude pensar fué qué, sí esa era mi ultima véz despierta, por qué debía terminar así.
Pero no, no hubo vació y oscuridad, fue solo un sueño extraño que no recuerdo muy bien.
Curioso relato que retrata la intensa ansiedad del protagonista devenido en paciente...
ResponderEliminar